viernes, 15 de abril de 2011

El día se tornaba un poco oscuro, venían siendo ya las cinco de la tarde y el viento hacia de la suyas, el presagio de lluvia era cada vez más latente… la gente parecía tener prisa.

Caminábamos con ligero afán, nos dirigíamos hacia la nada, pero confiados en encontrar un buen lugar, un sitio donde el viento te golpea la cara, donde tus palabras se conjugan con la brisa y nunca más regresan, esos extraños lugares donde puedes aprender a volar….

No soy devoto a los milagros, pero así sucedió, ahí estabas, acurrucada sobre tus piernas cruzadas, una sobre la otra… tu delicada figura es inconfesable, ojos que saben a miel, mejillas que delinean una suave sonrisa…

Un inocente arrullo de alondra me regresa a la realidad… Fue desde ese preciso día, en que te vi pintando un pequeño avión.. Adornándolo con un lápiz de color, preparándonos para un gran viaje... Fue ella, la misma tarde oscura y apacible quien se convirtió en cómplice de tan conmovedor gesto… Has aprendido a volar!!

Hoy en día, sobre este sitio baldío, en el que suele caminar un solitario anciano. Te ruego, no evites su camino, será él quien te señale en el cielo, lo que en aquella tarde se perpetuo, porque sobre las nubes está escrito: “mis ojos te han visto crecer”…